El cisne de San Hugo

El cisne de San Hugo

San Hugo atraía a los animales con su mansedumbre e inocencia. Un par de días después de ser recibido y entronizado como Obispo de Lincoln, apareció en la casa del Obispo, cerca de Stow, un cisne nuevo que nadie había visto antes. Era más grande y fuerte que otros cisnes y sus marcas eran también distintas.

Cuando el Obispo visitó Stow, le trajeron al ave, ya domesticada. El cisne de inmediato comió pan de la mano de San Hugo y se quedó junto a él como si fuera una mascota, dejándose tocar por el santo y sin incomodarse por toda la algarabía a su alrededor. En ocasiones, cuando el Obispo lo alimentaba, el cisne estiraba cabeza y cuello, metiéndolos en la amplia manga de su hábito, y reposaba su cabeza sobre el pecho del santo.

Si San Hugo se ausentaba por algunos días, el cisne se paseaba como buscándolo, o como si estuviera esperando el regreso de su amo. Solo con él era amistoso, y se colocaba a su lado como si quisiera defenderlo y evitar que otros se acercaran.

La última vez que el santo visitó Stow antes de su muerte, el cisne no quiso acercársele como era su costumbre. San Hugo ordenó que se lo trajeran, pero tomó varios días capturarlo y cuando, por fin se lo presentaron al Obispo, el cisne dejó caer la cabeza dolorido. Nadie podía comprender su comportamiento, pero cuando San Hugo falleció seis meses más tarde, todos percibieron que el cisne había querido despedirse de su amigo. El animal continuó viviendo en Stow por largo tiempo después de la muerte del santo y se convirtió en su símbolo iconográfico.

Nuestro santo patrono murió en Londres el 16 de noviembre de 1200, y fue canonizado veinte años más tarde, en febrero de 1220.