El fuego del Espíritu

El fuego del Espíritu

Así como ardió una zarza en medio del desierto ante los ojos curiosos de Moisés, invitándolo a liberar a Su pueblo de la esclavitud, así ardió sobre cada uno de los temerosos apóstoles y la creyente Madre las llamas del fuego del Espíritu Santo, llamándolos a construir una nueva familia de Dios que amando no tropezaría nunca con la esclavitud del pecado. Hoy más que nunca animémonos a mantener encendida esa llama de amor que habita en nuestros corazones y nos convierte en verdaderos hijos de Dios y auténticos hermanos. Esta Iglesia, que somos tú y yo, debe encontrar la audacia de animarse a ofrecer al mundo sediento de Dios la experiencia de saberse soñada por un Padre que no cesa de salir a buscar a los hijos que aún no han entrado a la casa.

El Papa Francisco nos dice que “Jesús puede unir a todos los (hijos) de la Iglesia en un único sueño, «un sueño grande y un sueño capaz de cobijar a todos. Ese sueño por el que Jesús dio la vida en la cruz y el Espíritu Santo se desparramó y tatuó a fuego el día de Pentecostés en el corazón de cada hombre y cada mujer, en el corazón de cada uno […] Un sueño concreto, que es una persona, que corre por nuestras venas, estremece el corazón y lo hace bailar»”. Que podamos con corazón de fiesta sembrar la alegría en aquellos lugares donde solo se escucha el llanto y la desesperación. Para ello contamos con tu tiempo, tu talento y tu dinero, para que la llama de Pentecostés no se apague jamás.

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