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NUESTRO PAN DE CADA DÍA

“El Padre del cielo nos exhorta a pedir como hijos del cielo el Pan del cielo. Cristo “mismo es el pan que, sembrado en la Virgen, florecido en la Carne, amasado en la Pasión, cocido en el Horno del sepulcro, reservado en la iglesia, llevado a los altares, suministra cada día a los fieles un alimento celestial ”. San Pedro Crisólogo Jesús nos enseñó a orar diciendo: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre”. En esta oración nos enseña a pedir nuestro pan de cada día: “danos hoy nuestro pan de cada día” (en griego epiousios). ¿Qué es nuestro pan de cada día? Nuestro pan de cada día es el alimento que necesitamos para nuestro sustento. Sin alimento no podemos vivir. Pero es también mucho más. El pan epiousios es pan “supersustancial”, pan “sobrenatural”. La poeta Raïsa Maritain se pregunta: “¿Podría Jesús, en el impulso de su amor, pensar en el sustento para el hombre sin pensar al mismo tiempo en el don supremo de sí mismo que él vino a concedernos, el Pan que es su Cuerpo?” ¡Este es el pan sin el cual no tenemos vida! Padre celestial, pongo mi vida en tus manos, rogándote que me des todo lo que necesito. Que yo acepte tu Palabra con fe, dependiendo siempre de ti y de los planes que tienes para mí. Dame hambre del pan verdadero, del pan del cielo. Amén. Fr. Patrick Mary Briscoe, OP, Eucharist © 2022 by Our Sunday Visitor (con permiso)
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Presentación del Señor

Presentación del Señor

Para celebrar la fiesta de la Presentación del Señor, el jueves 2 de febrero, se bendecirán las velas. Traiga su vela para que sea bendecida.
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EL GRAN MISTERIO

“Para el mundo sería más fácil sobrevivir sin el sol que sin la Santa Misa”. Padre Pío El fraile capuchino San Pío de Pietrelcina, más conocido como Padre Pío, solía despertarse temprano en la mañana y esperar ansioso el momento en que pudiera celebrar misa. Celebraba su misa en forma lenta y reverente, con notable devoción. Con frecuencia lloraba. Cuando le preguntaron por qué lloraba durante la misa, el santo respondió: “No quiero derramar lágrimitas. Quiero derramar un torrente de lágrimas. ¿No te das cuenta del gran misterio que es la misa?” La profunda fe de Padre Pío en el poder de la misa lo hacía arder de amor de Dios. Decía: “A veces durante la misa me consume el fuego del amor divino. Siento mi rostro arder”. Padre Pío celebraba la misa a diario, demorándose a veces hasta tres horas en la celebración, hasta su última misa el 22 de septiembre de 1968, el día antes de su muerte. Señor Jesús, ayúdame a amar el misterio de la misa. Que cualquier duda o distracción que me asalten cedan ante la fe y el amor. Y mientras vivo en la tierra, que la luz de la Eucaristía disipe toda tiniebla en mi vida. Amén. Fr. Patrick Mary Briscoe, OP, Eucharist © 2022 by Our Sunday Visitor (con permiso)
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Misa especial para los matrimonios

Misa especial para los matrimonios

El arzobispo Wenski celebrará una misa especial para los matrimonios que celebran 1, 25, 50 o más años de casados este año el sábado 18 de febrero a las 5:30 p.m. en la Catedral de St. Mary. Los que deseen una foto con el Arzobispo deberán llegar a las 4 p.m. Para participar diríjase a https://conta.cc/3SKvKIY.
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MARÍA Y LA EUCARISTÍA

En María Santísima vemos también perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. María de Nazaret, desde la Anunciación a Pentecostés, aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios. Su Inmaculada Concepción se manifiesta claramente en la docilidad incondicional a la Palabra divina. La fe obediente es la forma que asume su vida en cada instante ante la acción de Dios. La Virgen, siempre a la escucha, vive en plena sintonía con la voluntad divina; conserva en su corazón las palabras que le vienen de Dios y, formando con ellas como un mosaico, aprende a comprenderlas más a fondo (cf. Lc 2,19.51). María es la gran creyente que, llena de confianza, se pone en las manos de Dios, abandonándose a su voluntad… Desde la Anunciación hasta la Cruz, María es aquélla que acoge la Palabra que se hizo carne en ella y que enmudece en el silencio de la muerte. Finalmente, ella es quien recibe en sus brazos el cuerpo entregado, ya exánime, de Aquél que de verdad ha amado a los suyos « hasta el extremo » (Jn 13,1). Por esto, cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia. Los Padres sinodales han afirmado que «María inaugura la participación de la Iglesia en el sacrificio del Redentor». Ella es la Inmaculada que acoge incondicionalmente el don de Dios y, de esa manera, se asocia a la obra de la salvación. María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente, es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía. Papa Benedicto XVI Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, 2007
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