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Cuarto Domingo de Pascua (Ciclo B)

CONOZCO A MIS OVEJAS Y ELLAS ME CONOCEN A MÍ (JN 10,14).

Una de las más antiguas representaciones del Señor en arte es esta estatua de un jovencito cargando una oveja, hallada en las catacumbas de Domitila, que se encuentra en los museos vaticanos. Aunque la mayoría de nosotros nunca ha visto una oveja, la imagen del Buen Pastor nos toca el corazón.

La frase “conozco a mis ovejas” nos reconforta con la idea de que el Señor verdaderamente nos conoce personalmente a cada uno. Y no sólo nos conoce, ¡nos ama! Pero la segunda parte debería darnos que pensar. ¿Somos de verdad totalmente Suyos? ¿Lo conocemos realmente? Si la respuesta es un tibio “tal vez”, o —peor aún—, un “no”, ¿qué estamos dispuestos a hacer para conocerlo?

San Juan, en la segunda lectura de hoy, nos invita a considerar qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre “que nos llamamos hijos de Dios y realmente lo somos” (1 Jn 3,1). Un hijo debe desear conocer a su padre. En este tiempo pascual los invito a abrir las Escrituras para aprender sobre el inmenso amor que el Padre nos tiene. Para aprender también sobre el Hijo que nos conoce, para que a nuestra vez lleguemos a conocerlo. Que Dios los bendiga.