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Décimo Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

SE REUNIÓ UN GENTÍO… (MC 3,20).

¿Qué tiene Jesús que dondequiera que va se reúne un gentío a Su alrededor? Ciertamente, hay un atractivo en Su Persona que atrae a la gente hacia Él. Aun así, no todos están dispuestos a escucharlo. Los escribas dicen que lleva un demonio. Sus parientes piensan que está fuera de sí. Él en cambio tiene palabras para todos: “un reino, una casa dividida internamente, no puede subsistir” (Mc 3,25).

Aquí hay mucho que pensar. ¡Hay tantas divisiones entre nosotros! Incluso en la Iglesia, en vez de estar unidos, miramos de lado a los que no piensan como nosotros, no rezan como nosotros, no tienen nuestras mismas devociones, no siguen al mismo predicador, al mismo santo…¡Qué tristeza!

El diablo es el gran divisor. Escuchemos lo que dice el Señor: “un reino dividido internamente no puede subsistir” (3,24). Somos miembros del cuerpo de Cristo y no debe haber divisiones entre nosotros.

En la segunda lectura san Pablo nos recuerda que “al multiplicarse la gracia entre muchos, sean también numerosos los que den gracias para gloria de Dios” (2 Cor 4,15). En vez de juzgarnos y criticarnos mutuamente, demos gracias unidos por las tantas maneras en que el Señor nos permite servirlo.

Pongamos nuestra confianza en el Señor, como dice el Salmo 130, y demos testimonio con nuestros actos de que Cristo es nuestra luz y nuestra vida. Que Dios los bendiga.