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Domingo 11º del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

LA SEMILLA GERMINA Y CRECE SIN QUE ÉL SEPA CÓMO (MC 4,27).

La naturaleza es misteriosa en su belleza. De una semillita cuidadosamente regada y atendida obtenemos grano de los campos, frutas de los árboles, flores olorosas… Como el hombre del Evangelio (Mc 4,26), no sabemos cómo. Todo ese misterio y maravilla es regalo del Padre celestial, que cuida de Sus hijos con ternura y amor.

Más misterioso aún es cómo se extiende el reino de Dios. Jesús lo compara con esa semillita. Sin que sepamos cómo o cuándo, nosotros somos los sembradores del reino. Una palabra amable dicha para consolar al afligido, una mirada de cariño, una escucha paciente, son semillitas sembradas para el reino. No sabemos cómo, pero a través de esos medios tan sencillos somos testigos de Jesús, sembradores de la Buena Noticia.

“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o necesitado y te atendimos?” “Y el Rey responderá: ‘Cada vez que lo hicieron por uno de estos pequeñitos, lo hicieron por Mí’” (cf Mt 25,40). Pidamos entonces la gracia de ser sembradores del reino, incluso —y especialmente— cuando no sabemos cómo.

En este Día del Padre, que Dios bendiga a todos los padres, primeros sembradores de la semilla en las almas de sus hijos, y que san José los proteja. Que Dios los bendiga.