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Domingo 12º del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

MAESTRO, ¿NO TE IMPORTA QUE NOS HUNDAMOS? (MC 4,38).

Las tormentas en el mar son aterradoras. El viento ruge, la lluvia cae con fuerza y las olas sacuden la barca. Los apóstoles —algunos de ellos pescadores de profesión—, estarían acostumbrados a las tormentas, lo que nos hace preguntarnos por qué esta es diferente. El evangelista no lo explica, pero el miedo de ellos es obvio; tal vez fuera la más fuerte que habían experimentado. Y mientras tanto, Jesús duerme.

En el mar de la vida también encontraremos tormentas aterradoras: falta de trabajo, exilio, dificultades económicas, enfermedad, muerte. Y en nuestra “barca” con frecuencia también parece que Jesús duerme. ¡Cuántas veces hacemos nuestra la pregunta de los apóstoles! ¿No te importa, Señor, no te importa? ¿No ves nuestras dificultades? ¿No te importa ver lo que sufrimos?
En el evangelio, Jesús reprende al mar y a los vientos, “¡Calla! ¡Enmudece!” (Mc 4,39), y enseguida viene la calma. Pero entonces pregunta: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” (4,40). A nosotros nos hace las mismas preguntas.

A lo largo de la vida pasaremos por muchas tormentas, y muchas veces parecerá que Jesús duerme, pero no. Como dice el Salmo 121, el guardián de Israel no duerme ni reposa. Mientras esté con nosotros en la barca, podemos estar seguros de que calmará las olas a su debido tiempo. Después de todo, Él es Aquel a quien los vientos y el mar obedecen. Que Dios los bendiga.