Scroll Top

Domingo 20º del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

“MUJER, ¡QUÉ GRANDE ES TU FE!” (MT 15,28).

¿Cómo es tu fe? ¿Podría Jesús decir lo mismo de ti? ¿Reconoces tu necesidad y al que puede remediarla? ¿Estás dispuesto a perseverar en la oración, incluso cuando no parece tener respuesta? Considera esto: primero la mujer es pasada por alto, luego rechazada y por último insultada al ser comparada con un perro. Y aun así, persiste. ¿Harías tú lo mismo?

A la luz de la primera lectura, en la que Isaías dice que “a los extranjeros que se hayan unido al Señor … los aceptaré” (Is 56,6-7), la actitud de Jesús sorprende. Después de todo, Él siempre pregunta al que se le acerca qué quiere que haga por ellos; y ahora secamente dice que fue enviado “solo a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15,24), dando a entender básicamente que su necesidad no le concierne.

Y aun así, la mujer persevera. Tal vez sea este elemento el que le falta a nuestra oración. Cuando se acerca a Jesús, la mujer confía en que Él puede ayudarla y no ceja en su empeño. En el plan y providencia de Dios, nuestras oraciones siempre tienen respuesta, igual que la de la mujer, porque Dios siempre escucha. Oremos con confianza y perseverancia, sabiendo que Él nos responderá, a Su tiempo y de la forma que sea mejor para nuestra salvación. Que Dios los bendiga.