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Domingo 21º del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

“…SOBRE ESTA PIEDRA CONSTRUIRÉ MI IGLESIA” (MT 16,18).

Pedro acaba de hacer su profesión de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16); una profesión que no está inspirada por sus propios cálculos e ideas sino, como el mismo Jesús le dice, por una revelación del Padre celestial (cf 16,17). Y la Iglesia se afirma sobre la roca de esta fe. Debe darnos que pensar.

La fe es un don de Dios, el que nuestros padres pidieron para nosotros cuando nos trajeron a bautizar, o que pedimos nosotros mismos si nos bautizamos ya adultos. Pero este don conlleva una responsabilidad. Si no la cuidamos y alimentamos, podemos perder la fe. Es nuestra obligación formarnos, aprender qué es lo que creemos, orar con las Escrituras para llegar a conocer a Jesús más íntimamente y poder proclamarlo, en unión con Pedro, como el Hijo del Dios vivo.

San Pablo, en el pasaje de la carta a los Romanos que leemos hoy, nos habla de “la riqueza, la sabiduría y la prudencia de Dios” (Rom 11,33), y pregunta “¿Quién conoce la mente de Dios?” (11,34). Para conocer esas riquezas, esa mente del Señor, la Iglesia pone en nuestras manos dos excelentes recursos: la Biblia y el Catecismo. Hagamos el propósito de leerlos con frecuencia para fortalecer nuestra fe. Que Dios los bendiga.