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Domingo 24º del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

IRA Y ENOJO SON ODIOSOS (SI 27,30).

Sirach, uno de los llamados libros sapienciales, fue escrito tres siglos antes del nacimiento del Señor, y es parte de la literatura destinada a aconsejar cómo comportarnos. Es lógico que la Iglesia haya unido este pasaje al del Evangelio de hoy, porque parece escucharse esta ira y enojo en la pregunta de Pedro, una pregunta que, si somos sinceros, es también la nuestra.”

“¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?”, pregunta Pedro (Mt 18,21). ¿Cuántas veces tengo que perdonar?, nos preguntamos también nosotros al recordar alguna ofensa o daño recibido. Pero esta no es la cuestión, y de ahí la parábola de Jesús. El rey —Dios— a quien mucho se le debe, “compadecido” dice el evangelista (18,27), perdona toda la deuda, una deuda enorme. Sin embargo, el criado deja que la ira y el enojo se apoderen de él. No perdona, no tiene compasión ni misericordia. ¿Será que así somos nosotros?

Perdonar no es fácil; por eso siete veces nos parece mucho. Pero el Padre está siempre pronto a perdonar, lleno de misericordia y de compasión, aun cuando le debemos mucho más de lo que otro pueda debernos. “Perdónanos como nosotros perdonamos”, decimos en el Padre Nuestro. Que el Señor nos conceda esa gracia y aprendamos a perdonar de corazón. Que Dios los bendiga.