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Domingo 27º del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

ENVIÓ DE NUEVO A OTROS CRIADOS (MT 21,36).

La imagen de la viña es profunda; nos habla de la providencia de Dios, que plantó una viña no para Sí mismo, pues nada necesita, sino para nosotros, porque nos ama. Lo único que pide es que demos buen fruto y se lo devolvamos con gratitud.

Isaías en la primera lectura señala nuestros fallos: “esperó que diera uvas, pero dio frutos agrios” (Is 5,2). El dueño de la viña la arrasará porque no dio fruto (cf 5,6). Jesús recoge esta imagen —”la viña del Señor es la casa de Israel” (Is 5,7)— y la aplica a Sí mismo. Él es el Hijo que envió el dueño, al que rechazaron, echaron fuera de la viña y lo mataron (cf Mt 21,39). Por tanto, la viña pasa a otras manos… las nuestras.

Estas lecturas nos hablan de misericordia, pero también nos hacen una advertencia. Si no damos buen fruto, si no recibimos al Hijo del dueño, la viña puede pasar a otras manos. Escuchemos la advertencia de san Pablo a los Filipenses y busquemos siempre lo verdadero, justo y puro (cf Flp 4,8) y el Dios de la paz estará con nosotros. Que Dios los bendiga.