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Domingo 30º del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

“¿CUÁL ES EL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE?” (MT 22,36).

Los fariseos regresan con una nueva pregunta: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante en la ley?” Por si no lo saben, la Ley tenía más de 600 mandamientos que todos los judíos debían observar. Escoger uno como el más importante de ellos es ciertamente un desafío.

No obstante, Jesús va al corazón de la Ley y cita la SHEMÁ: “Escucha, Israel… amarás al Señor, tu Dios” (Deut 6,4-5). Deben haberse sorprendido, pero es totalmente razonable. ¿Qué tenemos que no hayamos recibido? La vida, la fe, el sustento, todo viene de Él, de Su inmenso amor por nosotros. Por lo tanto, amarle debe ser el mandamiento más importante.
Pero un mandamiento no debe ser la razón de que lo amemos. El apologista inglés C.S. Lewis escribe: “Dios, que nada necesita, da existencia por amor a criaturas enteramente superfluas, para Él mismo amarlas”. Da existencia por amor, ¡para amarnos! ¿Qué menos podemos hacer que amarlo?

Mandamiento es una palabra dura; nos hace pensar en algo impuesto, forzado. Pero el idioma original de la Escritura usa “palabra” en su lugar. De modo que la pregunta en realidad es cuál es la palabra más importante. Y la más importante, como nos dice san Pablo (1 Cor 13:13) y como todos sabemos, es AMOR. Que Dios los bendiga.