Scroll Top

La Ascensión del Señor (Ciclo B)

SERÁN MIS TESTIGOS…HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA (HCH 1,8).

“Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido a lo más alto del cielo…” Así dice el Prefacio que rezaremos hoy. Había prometido no dejarnos huérfanos (cf Jn 14,18). ¿Por qué se va? El Prefacio continúa: “No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo” (Prefacio de la Ascensión 1).

Sin embargo, antes de irse nos deja un último mandato: que seamos sus testigos “hasta los confines de la tierra”. Este mandato nos deja perplejos igual que a los apóstoles, que continuaron mirando al cielo hasta que “dos hombres vestidos de blanco” (Hch 1,10) les recordaron que el Señor volverá “de la misma manera que lo han visto partir” (1,11).

El evangelio nos dice que ellos salieron a predicar por todas partes (cf Mc 16,20), y sabemos que dieron su vida como mártires por el evangelio. Esta palabra, mártires, significa testigos, es decir, lo que Jesús nos manda que seamos. Hasta los confines de la tierra, sí, pero también hasta el fin de los tiempos. Pidamos hoy la gracia de ser testigos y seguir proclamando el evangelio a toda criatura.

Bendiciones a nuestras madres, primeros testigos del amor de Dios hacia nosotros, en este Día de la Madre. Que Dios los bendiga.