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Calurosa bienvenida a Enzo Rosario Prendes, seminarista diocesano que nos acompañará durante el verano.
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Jesús puede no necesitar nuestra adoración, pero la pidió

Mi vida, que iba deshaciéndose fuera de la Iglesia, volvió a enfocarse durante un encuentro fortuito con la adoración eucarística. Iba manejando con las ventanillas abiertas cuando escuché las campanas sonar al pasar frente a una iglesia. Obedecí a un impulso y paré, pensando tal vez encender alguna velita. Cuando entré en la iglesia, vi el altar iluminado por las velas y la custodia resplandeciente con el Santísimo Sacramento. “Aquí hay adoración”, pensé con un júbilo que ardía en mi corazón. Me arodillé ante esa Presencia y adoré simple y calladamente por lo que, según mis cálculos, fueron cinco minutos. Cuando me levanté y miré el reloj, había transcurrido una hora. Y yo volví a ser católica, con el deseo de ir a confesarme y participar en la vida de la Iglesia. Jesús puede no haber necesitado mi adoración, pero yo sí necesitaba el consuelo y la instrucción que son inherentes a su Presencia, y su Luz, aquel día y semanalmente desde entonces. Bueno, tal vez Él no la necesitaba, pero la pidió—“¿No han podido velar una hora conmigo?” (Mt 26,40)—lo cual sugiere que de algún modo Él desea nuestra compañía callada y silenciosa. En 2016 el Papa Francisco, quien públicamente se acerca a la confesión para animar a los fieles a la observación de esta práctica, identificó la adoración eucarística como una de las tres maneras de llegar a conocer mejor a Cristo: “No se conoce al Señor sin esta costumbre de adorar, de adorar en silencio. Adorar. Creo—si no me equivoco—que esta oración de adoración es la menos conocida por nosotros, es la que hacemos menos. Perder el tiempo—me permito decir—ante el Señor, ante el misterio de Jesucristo. Adorar. Y allí en silencio, el silencio de la adoración. Él es el Señor y yo lo adoro”. Elizabeth Scalia, Jesus may not need our adoration, but He asked for it Sacado de Word on Fire, 10 de octubre, 2019
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Cómo recibir la Sagrada Comunión

La comunión puede recibirse en la mano o en la boca, decisión a tomar por parte de la persona que recibe, no del ministro que la distribuye. Si desea recibirla en la mano, extienda ambas manos, la izquierda encima de la derecha. No trate de “quitarle” la hostia al sacerdote o al ministro; más bien espere a que la coloque en su mano. Recuerde hacer una inclinación de cabeza como reverencia al Sacramento y responder “Amén” al recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor. A causa de la actual pandemia, le rogamos que tenga la mascarilla puesta al acercarse a recibir, y una vez que tenga la Hostia en su mano, dé un paso al lado y, quitándose la mascarilla, consúmala inmediatamente. Colóquese la mascarilla de vuelta y siga adelante con reverencia. Si desea recibir en la boca, acérquese al sacerdote, quien levantará la Hostia, mostrándola al comulgante, y dirá “El Cuerpo de Cristo”. Responda “Amén”, abra la boca y saque la lengua. Conserve la mascarilla puesta y bájesela cuando esté delante del sacerdote. Vuelva a colocársela en cuanto haya recibido la comunión. Recuerde, no es intrínsecamente más reverente el recibir en la boca, como tampoco es menos reverente recibir en la mano. Lo reverente o irreverente depende de otros factores externos tales como la actitud espiritual de quien recibe, el porte y conducta de quien da la comunión, la comprensión adecuada del misterio eucarístico y la forma en que se tratan los elementos eucarísticos tanto dentro como fuera de la misa.
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Oficina parroquial

La oficina parroquial estará abierta de lunes a viernes, entre las 8 am y las 4 pm. Si necesita comunicarse con la parroquia, llame al 305-444-8363.
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El Grove Outreach necesita nuestra ayuda

La pandemia del Covid-19 ha ocasionado escasez y muchos de nuestros proveedores tampoco tienen para contribuir. Apelamos a su generosidad. Puede traer sus contribuciones de alimentos enlatados y no perecederos a la oficina. La lista se encuentra aquí. Recuerde, lo que hagamos por nuestros hermanos lo hacemos por Jesús.
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