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SALUDO AL ENCUENTRO DE ORACIÓN Y FRATERNIDAD “CÁNTICO DE PAZ”, 29 DE JULIO, 2026

Acabamos de escuchar su hermoso canto. La música tiene la extraordinaria capacidad de unir voces diferentes en una armonía, en la que cada una aporta algo único al conjunto. En este sentido, el coro se convierte en símbolo de concordia y cooperación.

Es significativo que las Sagradas Escrituras y la liturgia de la Iglesia hablen de «coros de ángeles y santos» al describir la alegría del cielo, no porque canten literalmente todo el tiempo, sino porque, unidos en el amor, contemplan a Dios juntos y encuentran en Él la plenitud de la felicidad.

La música nos ha involucrado a todos en una experiencia nueva, algo que era más grande de lo que cada uno de nosotros hubiera podido crear por sí solo. Esta es la experiencia de la belleza. Nos abre un nuevo horizonte y despierta en nosotros el deseo de ir a su encuentro. Cuando nos dirigimos hacia ese horizonte, descubrimos no simplemente algo, sino a Alguien. Nos encontramos con Dios, nuestro Creador. Así como podemos seguir un arroyo hasta su manantial, así también la belleza de la música nos invita a encontrarnos con Aquel que es la Belleza misma.

El Señor es todo lo que buscamos en la vida, Aquel que solo puede dar paz a nuestros corazones inquietos. Recuerden que han sido creados para grandes cosas y que el mundo entero no basta para saciar su sed de sentido y felicidad.