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Sexto Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

SI QUIERES PUEDES LIMPIARME (MC 1,40).

Hoy en día la lepra —también conocida como enfermedad de Hansen— ha sido prácticamente erradicada. Es difícil entonces comprender lo terrible que era la vida para el leproso. Aislados de la sociedad, los que se atrevían a salir tenían que tocar una campanita y gritar que venían para que nadie tuviera contacto con ellos. Además, el leproso judío era ritualmente impuro, de manera que no podía tomar parte en ningún acto de culto.

Eso hace que la súplica del leproso de este Evangelio sea aún más conmovedora. “Si quieres, puedes limpiarme”, dice. No exige; podría decirse que ni siquiera pide. “Si quieres” deja a Jesús en completa libertad. Pero hay fe en el fondo de esta frase: “puedes limpiarme”. Puede, sí, y lo hace. El evangelista dice que Jesús “se compadeció”(1,41). Cómo no sería así, al ver tanto la terrible situación como la humilde petición.

Todos deberíamos aprender a orar como este leproso. “Si quieres” va lejos, porque quiere decir que estamos dispuesto a aceptar la voluntad de Dios. Aunque nos parezca que nuestras oraciones no tienen respuesta, siempre la tienen, porque Dios nos da lo que es mejor para nosotros. Acerquémonos a Él con la confianza y la humildad del leproso —“Si quieres”— y quedaremos limpios. Que Dios los bendiga.