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Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo (Ciclo A)

VENGAN, BENDITOS DE MI PADRE (MT 25,34).

Es justo que el año litúrgico termine con la gran solemnidad de Cristo Rey. Por Su resurrección, nos dice san Pablo (1 Cor 15,25), Cristo debe reinar “hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies; el último enemigo que será destruido es la muerte”.

A lo largo de los evangelios Jesús nos dice que se le ha dado todo poder con el fin de salvarnos. La hermosa imagen del pastor en la lectura de Ezequiel (34,11) evoca la ternura de Cristo hacia nosotros.

Pero dejemos de autocomplacernos. El Pastor, el Rey, vendrá como juez, en Su gloria, rodeado de Sus ángeles. Prestemos atención, porque nos juzgará sobre las obras de misericordia. Estamos llamados a ser imitadores de Cristo y Su mayor atributo es la misericordia. Si queremos ser contados entre las ovejas a las que llama benditos, debemos ser misericordiosos y cuidar de sus pequeñitos, recordando que “lo que hayan hecho a uno solo de estos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí” (Mt 25,40).

Que Cristo reine siempre en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestra parroquia, en el mundo entero. ¡Viva Cristo Rey!