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Solemnidad de la Santísima Trinidad (Ciclo B)

EL SEÑOR ES DIOS Y NO HAY OTRO FUERA DE ÉL (DT 4,35).

El Señor que es Dios sobre todo lo que ha creado “arriba en el cielo y abajo en la tierra” (Dt 4,39), es también una comunidad de amor. Padre, Hijo y Espíritu, el Dios que está por encima de todo y no necesita nada, nos creó por amor —nos llamó por amor a la existencia, como dice el autor inglés C.S. Lewis— para compartir con nosotros las riquezas de su amor.

San Pablo nos llama “herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rom 8,17). Hijos de la adopción, redimidos por Cristo, sellados con el Espíritu para alabanza de su gloria (cf Ef 1,13-14). Este es un gran misterio, y debemos meditar en él con fe, con alabanza, con gratitud.

En el nombre de esta Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, fuimos bautizados. Cada vez que hacemos la Señal de la Cruz, especialmente cuando usamos agua bendita, recordamos y renovamos nuestro Bautismo, por el que nos hemos convertido en hijos de la adopción. Hagamos la Señal de la Cruz con reverencia, y pidamos a la Santísima Trinidad que fortalezca nuestra fe para que seamos testigos del poder de Dios. Pidámosle también que esté con nosotros, como prometió Jesús, “hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Que Dios los bendiga.