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Solemnidad del Corpus Christi (Ciclo B)

TOMÓ PAN, LO PARTIÓ Y SE LO DIO… (MC 14,22).

El pan es el más común de los alimentos esenciales. Lo encontramos en todas las civilizaciones, bien sea de harina de trigo, cebada, centeno o cualquier otra, es un alimento que satisface. Y sin embargo, quien lo come siempre morirá.

No así el Pan que nos da Cristo, pues es Su propio Cuerpo. “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6,51). Como dijera san Juan Pablo II, “Quiso convertirse en pan partido, para que todos los hombres pudieran alimentarse con su misma vida, mediante la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre”.

Nos amó hasta el extremo, como dice san Juan en su evangelio, y no queriendo abandonarnos, encontró la manera de quedarse en este admirable sacramento, este Pan de los ángeles, como lo llama santo Tomás de Aquino. Cuando lo recibimos, en las palabras de san Agustín, lo tenemos más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

Arrodillémonos una vez más ante este maravilloso signo del amor de Cristo y pidámosle que así como nos unimos a Él ahora bajo la apariencia de pan, podamos estar unidos a Él por toda la eternidad. Que Dios los bendiga.