Una reflexión dominical

Solemnidad del Corpus Christi (Ciclo C)

Hoy celebramos la gran fiesta de la institución de la Eucaristía, Corpus Christi, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La víspera de su pasión, el Señor Jesús deseó quedarse con nosotros para ser nuestro alimento, nuestro sustento. Recibirlo es participar de la más cercana relación imaginable, pues en ese momento, como dice san Agustín, está “más íntimo a mí que yo mismo”.

Postrémonos hoy ante este misterio admirable del amor de Cristo por nosotros, y oremos con santo Tomás de Aquino para que al recibirlo en este sagrado banquete bajo el velo de la fe, podamos algún día contemplarlo eternamente y cara a cara en el cielo.

Dios los bendiga.


P. Luis R. Largaespada

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Evangelizar con la Eucaristía

Los dos discípulos le insisten que se quede con ellos al acercarse al pueblo de Emaús. Jesús se sienta con ellos, toma el pan, lo bendice, lo parte y se los da, y en ese momento lo reconocen. Aunque comenzaban a ver por medio de la Escritura, aún no comprendían plenamente quién era. Pero en el momento eucarístico, al partir el pan, se abrieron sus ojos.

La forma en que en última instancia comprendemos a Jesucristo no es la Escritura sino la Eucaristía, pues la Eucaristía es Cristo mismo, personal y activamente presente. En ella toma cuerpo el misterio pascual; la Eucaristía es la actualización del amor que Jesús tiene por el mundo hasta la muerte, su abandono total de sí mismo para salvar a los pecadores más empedernidos; su Corazón abierto a la compasión. Es por eso que el lente de la Eucaristía es el que nos permite enfocar a Jesús más plena y vívidamente.

Los evangelistas exitosos son personas eucarísticas. Están inmersos en los ritmos de la misa; practican la adoración eucarística y atraen a los evangelizados a participar en el cuerpo y la sangre de Jesús. Saben que traer a los pecadores a Jesucristo no es nunca ni primordialmente cuestión de testimonio personal, de sermones inspirados, ni siquiera de exponerlos a la Escritura. Es en primer lugar, contemplar el Corazón abierto de Dios por medio del pan partido de la Eucaristía.

Por tanto, futuros evangelistas, hagan lo que hizo Jesús. Caminen con los pecadores, abran el Libro, partan el Pan.

Obispo Robert Barron, Evangelizing on the Road to Emmaus
Catholic New World, April 2, 2006

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