La Inmaculada Concepción

La Inmaculada Concepción

Una de las más hermosas fiestas marianas del calendario litúrgico tiene lugar en el Adviento: la fiesta de la Inmaculada Concepción, doctrina que enseña que María fue preservada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción en virtud de los méritos de su Hijo Jesucristo.

Esta doctrina se desarrolla en parte por el saludo del ángel Gabriel a María en la Anunciación. Era justo que la Madre de Cristo estuviera llena de la gracia que su Hijo nos alcanzó mediante Su cruz. Muchos de los primeros Padres de la Iglesia sostuvieron esta creencia, llamándola “Toda Santa”, “Sin Pecado”, “Inmaculada”. Con el correr del tiempo la Iglesia Oriental estableció esta fiesta alrededor del siglo VII para mostrar su amor por la Inmaculada Concepción. La Iglesia de Occidente la adoptó pasado un tiempo y para la alta Edad Media la celebración de la Inmaculada Concepción se había extendido por Europa. Fue doctrina reconocida y defendida universalmente como verdadera ya a finales del siglo XV.

A mediados del siglo XIX, el Beato Papa Pío IX, luego de consultar teólogos y obispos de todo el mundo, definió oficialmente la doctrina de la Inmaculada Concepción en la Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, del 8 de diciembre de 1854. En ella declaró que la santísima Virgen María “fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano”.