La Sagrada Eucaristía

La Sagrada Eucaristía

¿REALIDAD O SÍMBOLO? (2)

Tenemos que comer la Carne y beber la Sangre del Señor porque es así como tenemos parte con él y a través de él, en la vida del Padre.

¿Es esta una doctrina difícil? Al concluir el discurso eucarístico, Jesús prácticamente perdió toda la Iglesia: “Muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban: —Este discurso es bien duro: ¿quién podrá escucharlo?” (Jn 6,60). De nuevo, si estuviese hablando solamente a un nivel simbólico, ¿por qué sería duro de aceptar?…La misma resistencia de los discípulos al discurso del pan de vida indica que ellos lo comprendieron demasiado bien, y que se dieron cuenta de que Jesús hacía una declaración cualitativamente diferente. [Por ello] “muchos de sus discípulos lo abandonaron y ya no andaban con él” (Jn 6,66). Jesús entonces se volvió a los Doce y preguntó: “¿También ustedes quieren abandonarme?” (Jn 6,67). Hay algo terrible en esta pregunta, como si Jesús estuviera dirigiéndose no solo al grupo que tiene a su alrededor, sino a todos sus discípulos de todos los siglos. Uno recibe la impresión de que se ha llegado a un punto crucial, que de alguna manera, ser discípulo de Jesús está íntimamente ligado a lo que creemos respecto a la Eucaristía.

En respuesta a la pregunta de Jesús, Pedro, como es frecuente en los Evangelios, habla por todo el grupo: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,68-69). Esta confesión Petrina es la que fundamenta y garantiza la supervivencia de la Iglesia. Esta explícita confesión que reconoce a Jesús como el Santo de Dios está ligada a la confesión implícita de que la Eucaristía es verdaderamente el Cuerpo y la Sangre del Señor. Cuando ambas declaraciones se hacen juntas, nos dice Juan, la Iglesia perdura.

Robert Barron, Eucharist, (2021)
©Word on Fire Catholic Ministries, Park Ridge, IL