La Sagrada Eucaristía

La Sagrada Eucaristía

ALIANZA Y SACRIFICIO (3)

Es imposible comprender a Jesús si no tenemos en cuenta su judaísmo… Una de las razones por las que nos cuesta tanto hacerlo hoy es porque somos indiferentes o ignorantes con respecto a la Biblia.

El Concilio de Calcedonia en 451 [describió] a Jesús como la fusión de dos naturalezas—divina y humana—en la unidad de una persona divina; una explicación conceptualmente más exacta de lo que nos dice Juan el Evangelista en el prólogo de su Evangelio: “la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14). La Palabra del Dios de la alianza ha entrado ahora en una unión radical con la carne de este israelita específico, Jesús de Nazaret.

Sacrificio y alianza van siempre unidos. De manera que, cuando Juan el Bautista ve a Jesús… dice “¡Ese es el Cordero de Dios!” (Juan 1,36). Jesús es el que tomará el lugar de los corderos ofrecidos en sacrificio en el templo. De acuerdo a nuestra fórmula—no hay comunión sin sacrificio—Jesús, que es la alianza en persona, tendrá por fuerza que ser también la víctima del sacrificio. En pocas palabras, Jesús vino a ser el siervo doliente quien, con su sacrificio, quitaría los pecados del mundo.

[Mediante] el sacrificio definitivo del Cordero de Dios, el último enemigo, [la muerte], sería derrotada [para que] Dios y su familia humana pudieran de nuevo sentarse en el feliz convivio de un banquete festivo. [Paradójicamente] Jesús conquistará la muerte muriendo… Al soportar la cruz, Jesús cargó efectivamente con nuestros pecados; por sus llagas hemos sido sanados.

Robert Barron, Eucharist, (2021)
©Word on Fire Catholic Ministries, Park Ridge, IL