La Sagrada Eucaristía

La Sagrada Eucaristía

LA EUCARISTÍA COMO SACRIFICIO (2)

La misa, la liturgia eucarística, puede entenderse como una extensión o re-presentación del sacrificio de Jesús, que hace presente el poder de la cruz. A causa de quién es Jesús, la misa es realmente descrita como una anámnesis (un recuerdo) de la Última Cena y del Calvario; pero este término ha de entenderse en un sentido mucho más que psicológico. Puesto que Jesús es Dios, todos sus actos, incluso y especialmente el sacrificio por el cual salvó el mundo, participan de la eternidad de Dios y pueden por ello hacerse presentes en cualquier momento. “Recordarlo”, por tanto, es participar aun ahora en los eventos salvíficos del pasado… Los que se reúnen alrededor del altar de Cristo no solo recuerdan el Calvario, sino que el Calvario se hace presente para ellos en todo su poder espiritual. Por la eternidad de Cristo, hay como un colapso de las dimensiones del tiempo en cada misa; el presente se encuentra con el pasado, y ambos, presente y pasado, anticipan el futuro escatológico.

Gracias al sacrificio definitivo de Jesús sumo sacerdote, la humanidad entera accede a la vida eterna y con ello se cumple la alianza. El sacrificio de la misa es la participación en este gran acto eterno por el cual Jesús entró por nosotros en el santuario celestial con su propia sangre y nos obtuvo el perdón del Padre.

Y así vemos, final y completamente, el íntimo lazo entre la Eucaristía como banquete y como sacrificio. Solo en la medida en que nos transformamos por el sacrificio, solo cuando se ha hecho frente a nuestro pecado y sufrimiento, es que podemos sentarnos a la comunión del sagrado banquete. La liturgia eucarística es un banquete sagrado porque se ofrece en sacrificio.

Robert Barron, Eucharist, (2021)
©Word on Fire Catholic Ministries, Park Ridge, IL