La Theotokos La Santísima Virgen como Madre de Dios

La Theotokos La Santísima Virgen como Madre de Dios

La reflexión en torno a María en la Iglesia primitiva giró primariamente en torno a su papel como madre de Jesús. Cuando la fe cristiana penetró en el mundo griego y romano, se dio el peligro de perder de vista la humanidad de Cristo, volviéndolo solo una figura espiritual. Los teólogos de la época enfatizaron que María, al engendrar a Jesús, cooperó para reparar el daño que nos causó el pecado de Adán y Eva.

No obstante, algunos como el Patriarca Nestorio sostenían que aunque María era digna de toda alabanza no podía llamársele Theotokos, Madre de Dios. Nestorio sostenía que existían dos personas en Cristo, la divina y la humana, y por lo tanto María debía ser llamada Christotokos, Madre de Cristo, porque era solo la madre de la persona humana.

Para hacer frente a esta herejía se reunió un concilio ecuménico en Éfeso en el año 431. Este concilio proclamó que María es verdaderamente Theotokos, Madre de Dios, por haber concebido en su vientre al Dios hecho hombre. Los obispos en Éfeso hicieron énfasis en el significado de la Encarnación. María no es Madre de Dios en términos de la divinidad de Cristo. Pero cuando el verbo se unió a la humanidad al nacer de María, puede decirse que nació según la carne. En cuanto la naturaleza divina y la naturaleza humana están unidas en Jesucristo, puede decirse que María es Madre de Dios.

El pueblo de Éfeso, al escuchar la noticia de esta victoria de María respondió con gran regocijo. María es ahora vista como la Reina del cielo que intercede por las necesidades de sus hijos. Nosotros también la proclamamos Madre de Dios cada vez que rezamos el Ave María. Tengamos siempre recurso a su intercesión: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Tomado del libro María y los Santos, Compañeros del camino por James P. Campbell, D. Min. Loyola Press, Chicago, 2002