Reliquias

Reliquias

LA PALABRA RELIQUIA, del latín reliquiae, “restos”, hace referencia a los restos de un santo o algo de su pertenencia. Las reliquias se dividen en tres clases. Una reliquia de primera clase es todo o parte de los restos del santo, bien un pedazo de hueso, su sangre, un mechón de cabello, hasta una calavera o todo un cuerpo incorrupto. Una reliquia de segunda clase sería cualquier artículo que el santo haya usado con frecuencia (ropa, por ejemplo). Un artículo que haya tocado una reliquia de primera o segunda clase es una reliquia de tercera clase.

Desde los primeros tiempos, las tumbas de los mártires se consideraban lugares santos. Los mártires y los santos están en la presencia de Dios y las reliquias son un punto de contacto con ellos así como un recordatorio de la gloria que se nos ha prometido. Las reliquias proclaman la victoria de Cristo sobre la muerte, y los milagros que ocurren por medio de las reliquias demuestran que esa victoria es duradera. Ya en el Antiguo Testamento se habla de objetos relacionados con personas santas. Y en el Nuevo Testamento vemos como Dios se vale de cosas materiales para sanar, como es el caso de la mujer sanada al tocar el manto de Jesús en el evangelio de San Marcos.

Aunque la Iglesia nos invita a venerar las reliquias, es importante recordar que no es el objeto en sí el que sana. Dios puede usar la reliquia de un santo para sanar, de la misma forma que usó su propio manto para sanar a la mujer con el flujo de sangre. La reliquia es solo un instrumento que demuestra el poder de Dios.

La Iglesia ha defendido la veneración de las reliquias desde su inicio y continúa afirmando esta práctica. Las reliquias de los santos nos permiten acercarnos a estos hombres y mujeres del pasado, y Dios usa estos objetos materiales para impartir gracias especiales a las almas fieles.

(Si desea saber más sobre las reliquias, visite www.osv.com y escriba reliquias en el recuadro).