Habrá notado que al acercarse a recibir la Comunión no todos lo hacen de la misma manera. ¿Cuál es la forma correcta? ¿Cómo exactamente debe recibirse la Comunión? Lo primero que debemos notar es que se recibe. La Sagrada Comunión nunca se toma por iniciativa propia. La Instrucción General del Misal Romano dice: “No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado o el cáliz sagrado, y menos aún pasarlo entre ellos de mano en mano. La norma establecida para las diócesis de los Estados Unidos de América es que los fieles reciban la Sagrada Comunión de pie, a no ser que alguno de los fieles desee recibir la Comunión de rodillas… Al recibir la Sagrada Comunión, el comulgante inclina la cabeza ante el Sacramento como gesto de reverencia y recibe el Cuerpo de Cristo de manos del ministro. La hostia consagrada se puede recibir ya sea en la lengua o en la mano a discreción de cada comulgante” (IGMR 160).
Esta señal de reverencia nos ofrece la oportunidad para que nuestro cuerpo ayude a nuestra mente y corazón a recordar Quién es Aquel al que tenemos delante. Creemos que Jesús, Dios todopoderoso, Segunda Persona de la Trinidad, está aquí delante de nosotros en la Sagrada Eucaristía. Como tantas cosas que repetimos con regularidad, corremos el riesgo de que esta parte de la misa se convierta en algo automático. La próxima vez que se acerque a comulgar, póngase el desafío de inclinar la cabeza con reverencia, recordando que es Jesús el que está ahí. Tal vez repítase a sí mismo las palabras de santo Tomás: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28).